Nací con una cardiopatía congénita. Los médicos decían que era probable que no legará a los 10 años. Cuando tenía dos años de edad mi hermana que tenía también una cardiopatía que decían mas simple que la mía, pero ella falleció a los 4 años y después de tres operaciones, no es fácil vivir sabiendo que tu hermana falleció de algo que uno también tiene, me pasé la niñez, consultado médicos y haciéndole exámenes, pasaron los años estuve dos veces hospitalizada por una infección bacteriana que deterioro más aún mis válvulas del corazón a pesar de eso siempre traté de hacer una vida normal, siempre con algunas limitaciones, pero no quise nunca aceptar que fuera diferente al resto. Entrando en mi adolescencia los médicos me dijeron no me fuera a embarazar que era un riesgo que no podía correr. Pero llegando a los 30 años y estando con un pololo por 8 años y cuidándome con pastillas anticonceptivas, me quedé embarazada. Fue un golpe, yo estaba trabajando bien, me había comprado un vehículo hacía poco tiempo, y además tenía que enfrentar a mis padres que son cristianos, y querían que yo me casara, entrara la iglesia del brazo de i padre y formara una familia como la que ellos me habían dado, hacer lo correcto. Pero tuve que enfrentar el desilusionarlos y cambiar el rumbo de mi vida, además de enfrentar que tal vez no habría vida después de tener a mi hijo. Conversé con ellos y vi la tristeza en sus ojos además de mucha preocupación por mi salud, ellos sabían que era un riesgo, pero aún así me apoyaron. Mi pololo lo tomó mal, pero aceptó acompañarme a ver a la cardióloga y para saber cuáles serían los cuidados a seguir, pero en cuanto le dije a la doctora que estaba embarazada, comenzó a decir que no podía ser, que ella me había dicho que era un riesgo demasiado alto, que lo más probable cardiológicos o con síndrome de Down, que yo me podía morir al dar al luz, y luego preguntó cuánto tiempo de embarazo tenía y yo le dije que 6 semanas y entonces ella dijo: “ha pero entonces estamos a tiempo,” yo pregunté a tiempo de qué y ella dijo: “de solucionar este problema,” yo me puse de pie, y salí de la consulta, llorando porque no podía creer lo que me había dicho la doctora, una vez afuera mi pololo me dice: “yo no puedo con esto, si tú quieres puedes seguir pero no cuentes conmigo, yo no quiero ser papá y no estoy preparado para esto,” y se fue. Volví destryuda a mi casa, no podía creer lo que acababa de ocurrir, hable con mis padres y ellos me dijeron “no estas sola,” pero mi dolor fue mucho, me había abondonado el hombre que amaba y no quería a nuestro hijo, pasé el embarazo con depresión en terapia dos veces a la semana, hasta un poco medicada. Pensaba, pero que voy traer al mundo a un hijo que ni siguiera tendrá una familia, y tal vez ni una madre, estaba muy desesperada, tanto que un día fui a la estación del metro y estuve parada por horas frente al andén pensando en ya no vivir, pero algo dentro de mí no me dejó saltar, me decía que yo no era quien para quitarle la vida a ese bebe, volví a mi casa, me arrodille y le suplique al Señor que por favor no me dejara, que tenía miedo y me sentía sola. De ahí en adelante ya no me sentí sola y el Señor me dio las fuerzas que necesitaba para continuar, mis padres me acompañaron en todo momento, muchos exámenes, por hacerme controles estrictos con el ginecólogo y por supuesto que otro cardiólogo. Cuando llegue a la semana 28 del embarazo comencé con insuficiencia cardiaca, tuve que dejar de trabajar y el médico dijo que no podría esperar al término del embarazo porque no lo iba a resistir, tenía miedo, miedo de que nos pasara algo a mi y a mi hija que ya para esa altura sabía que era una niñita, yo había llamado a su papá para contarle y esperando que recapacitara, pero no fue así, le conte que tenía programada la cesárea el día y la fecha, pero me dijo que ya no lo volviera a llamar más, que el no iría. El día esperado había llegado, y yo seguía esperanzada en que llegaría llegue hasta al pabellón, y lloraba de pena, miedo, muchas emociones encontradas, finalmente el no llego, yo pude ver unos segundos a mi hija, una felicidad infinita, estaba sana; luego me descompence y me llevaron a la UCI coronaria, pero con la ayuda de Dios salí de eso.
Hoy estoy feliz, mis problemas de salud no se han ido, ya me han operado dos veces del corazón pero todo a valido la pena, tengo una hija hermosa, me ha hecho muy feliz, ella es mi compañera, mi mayor motivo para seguir luchando. Mi hija ya tiene 15 años, es muy saludable, inteligente, sensible, buena amiga, una bella persona y no lo digo sólo yo que soy su madre. Ella ha sido mi más grande regalo.
Doy infinitas gracias a Dios, a mis padres, familia y amigas que apoyaron en todo el proceso.

 

I fell pregnant weeks after my sixteenth birthday unexpectedly. I had only been with my partner a few months and this was the last thing we wanted. I choose to keep my baby despite everything I was told from family, friends, teachers and my partner. I managed to finish grade 10 whilst in my first trimester. The pregnancy was hard not due to my physical health but due to the stigma and social challenges I faced. My partner had left me early on in my pregnancy so I was left with a little family support and few friends. I felt alone and invalidated. It wasn’t until I got lead in the way of the Brave foundation and met Bernadette and heard her story and the story of other Brave foundation supporters that I found validation, and my pregnancy felt like something that could be enjoyable, and that it was beautiful like nature intended it to be. I later gave birth to a healthy large handed and footed baby boy who refused to stay still, right from day dot. He is developing quicker than expected and supersizing everyone everyday. His father came around to the idea of being a father and has been a great co-parent since the beginning, even if we are not together romantically we still enjoy spending time together as a family with our son.